Networking

Por qué la mayoría de eventos de networking no generan networking real — Sitsits

Muchos eventos parecen exitosos, pero generan pocas conexiones útiles. Analizamos por qué ocurre y cómo diseñarlos mejor.

Publicado el Por Equipo Sitsits

A simple vista, muchos eventos de networking parecen funcionar.

La sala está llena, hay ruido, se sirven bebidas, la gente conversa y al final da la sensación de que “ha habido ambiente”. Desde fuera, todo encaja con la idea de un evento exitoso. Pero si miramos un poco mejor, aparece una pregunta incómoda: ¿realmente ha ocurrido networking útil?

Porque una cosa es reunir personas en un mismo espacio y otra muy distinta conseguir que se produzcan conexiones valiosas entre ellas.

Por qué un evento lleno no siempre funciona

Ese es, en nuestra opinión, uno de los grandes problemas del sector. Muchos eventos se diseñan para que la gente coincida, pero no para que interactúe bien. Y cuando las interacciones se dejan al azar, el resultado suele favorecer solo a una parte de los asistentes.

Normalmente, a los de siempre.

A quienes llegan con más facilidad para acercarse a desconocidos. A quienes ya conocen a alguien en la sala. A quienes dominan mejor la conversación. A quienes se sienten cómodos entrando y saliendo de grupos sin pensarlo demasiado.

Mientras tanto, otras muchas personas quedan en una posición mucho más difícil. No necesariamente porque sean tímidas, sino porque el contexto no les ayuda. Puede ser alguien que llega solo, alguien nuevo en el sector, una persona más reflexiva, un perfil junior rodeado de perfiles senior, o simplemente alguien que no encuentra una forma natural de iniciar una conversación.

Y ahí es donde el supuesto networking empieza a fallar.

El problema de dejar las conexiones al azar

Porque si un evento solo funciona para quienes ya saben desenvolverse bien por su cuenta, el problema no está en los asistentes. El problema está en el diseño.

Durante años hemos normalizado una idea poco cuestionada: que el networking “de verdad” debe surgir de forma espontánea. Como si estructurar la interacción le quitara autenticidad. Como si organizar mejor los encuentros fuera artificial.

Nosotros creemos justamente lo contrario.

Cuando un evento deja todas las conexiones al azar, no está siendo más natural: está renunciando a ayudar. Y esa renuncia tiene consecuencias muy claras. Se forman grupos cerrados entre personas que ya se conocen. Algunas conversaciones se alargan más de lo conveniente. Hay perfiles que monopolizan el espacio. Y otras personas pasan demasiado tiempo esperando una oportunidad que nunca termina de aparecer.

El resultado no siempre es visible, porque muchas veces el evento parece animado. Pero una sala con energía no es necesariamente una sala donde esté ocurriendo networking real.

Qué entendemos por networking real

Para nosotros, networking real significa algo mucho más concreto: facilitar conversaciones útiles entre personas que probablemente no se habrían conocido por sí solas, y hacerlo de una forma que aumente las posibilidades de que esa conexión tenga continuidad después del evento.

Eso exige diseño.

Cómo diseñar un evento para que genere más valor

Por ejemplo, estructurar varias rondas de interacción ayuda a que las personas se mezclen con más sentido y evita que toda la experiencia dependa de la primera conversación que cada uno consiga tener. También reduce las repeticiones innecesarias y disminuye la tendencia natural a quedarse en círculos conocidos.

Del mismo modo, trabajar con mesas o grupos pequeños suele mejorar mucho la calidad de la participación. En grupos demasiado grandes, es fácil que dos o tres personas lleven el peso de la conversación mientras otras quedan relegadas a un papel pasivo. En cambio, cuando el entorno es más acotado, aumenta la probabilidad de que todos hablen y de que aparezcan intercambios más equilibrados.

Otro elemento infravalorado son los ice-breakers bien pensados. No hablamos de dinámicas forzadas ni de juegos incómodos. Hablamos de ofrecer una puerta de entrada sencilla a la conversación. Una pregunta adecuada, un pequeño marco común o una consigna útil pueden reducir muchísimo la fricción inicial, especialmente para quienes no disfrutan improvisando su primera frase.

Nada de esto garantiza una experiencia perfecta para todo el mundo. Ningún formato puede hacerlo. Pero sí cambia algo fundamental: deja de cargar toda la responsabilidad sobre el asistente y la comparte con la organización del evento.

Y eso, para nosotros, es una diferencia enorme.

Por qué también hay que medir el éxito del evento

Porque un evento no debería medirse solo por cuánta gente asistió o por el ambiente general de la sala. Debería medirse también por cuántas personas tuvieron conversaciones relevantes, cuántas encontraron conexiones nuevas y cuántas salieron con la sensación de que su tiempo había estado bien invertido.

En la práctica, muchos eventos siguen sin hacerse estas preguntas. Y lo más llamativo es que, en la mayoría de los casos, ni siquiera sabemos medir bien si han funcionado o no. Sabemos cuánta gente vino. A veces sabemos cuánta gente se registró. Pero no siempre sabemos cuántos asistentes obtuvieron valor real y cuántos se quedaron fuera.

Por eso creemos que el futuro del networking no pasa por llenar más salas, sino por diseñar mejor lo que ocurre dentro de ellas.

Porque cuando el encuentro está bien planteado, no solo ganan los más sociables. Ganan más personas. Gana el organizador. Y gana el propio propósito del evento.

En el próximo artículo abordaremos precisamente esa parte que casi siempre queda sin resolver: qué métricas pueden ayudarnos a saber si un evento de networking ha funcionado de verdad.